Ava Ström · Español · Post

“Ava Ström”, publicada

Esta ha sido una noticia muy importante para mí.

Mi primera novela, Ava Ström, ya está a la venta en Amazon.

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Mi primera novela, Ava Ström. Portada por Ara Carrasco.

¿Qué se dice en estos casos? Estoy muy orgulloso, por supuesto, y también agotado, y de alguna forma, también sorprendido. Esta novela empezó como una de tantas historias que escribía yo en mi tiempo libre, durante mi primer trabajo, recién salido de la universidad.

Después de ser despedido de dicho trabajo y de viajar un poco por ahí, tomé una decisión: era hora de sentarme y escribir algo gordo. Todos aquellos años de considerarme un escritor iban a quedarse en nada si no era capaz de terminar un proyecto serio, algo de tamaño novela. Un proyecto que siempre había ido desplazando mentalmente hacia el futuro, algo que haría “en algún momento”, cuando tuviera tiempo. De repente tenía el tiempo y las energías para hacerlo. Todo lo que me hacía falta era perseverancia y una buena historia.

Ava Ström era de todo menos una buena historia. Era algo que había empezado casi al azar, hacía tiempo, sin demasiada noción de si iba a acabarlo o no. Pero era lo único que tenía ganas de escribir en aquel momento, y sabía que no podía permitirme el tiempo de emprender otro proyecto empezándolo desde cero.

Tuve una conversación crucial con mi hermano, mientras paseábamos por la playa de uno de esos pueblecitos costeros cerca de Málaga. Fue más o menos así:

YO: Esta vez tengo que acabarlo. Tengo que acabar un libro, o admitir que soy un frade. Si ahora no puedo hacerlo, que tengo todo el tiempo del mundo, nunca lo haré.

MI HERMANO: Vale. Pues hazlo.

YO: El problema es que la única historia que tengo entre manos ahora mismo es la de esta rubia despampanante y superinteligente que resuelve crímenes y se mete en todos estos embolaos oscuros y todo ese rollo.

HERMANO: Vale. Pues entonces escribe eso.

YO: Pero yo siempre he querido escribir algo importante y sesudo y profundo y que sea Literatura. Pero hoy por hoy todo lo que tengo son las aventuras de Ava.

HERMANO: ¿Y qué pasa si escribes algo desenfadado y divertido? ¿Qué problema hay con ser divertido y poco serio?

YO: (tras un largo silencio) A la mierda. Voy a intentarlo.

Funcionó. Después de mucho trabajo, claro. Esto fue en 2009, el año el que aprendí definitivamente que escribir daba mucho trabajo.

Reescribí, repensé y rediseñé montañas de texto. Aprendí a diseñar tramas y argumentos, a recortar diálogos sin importar lo inteligentes o interesantes que me hubieran parecido al escribirlos. O aportaban algo a la trama o iban a la guillotina. Lo mismo pasó con las subtramas y escenas innecesarias. Me cargué a varios personajes. Borré varias decenas de miles de palabras.

A veces hasta me lo pasé bien. Otras veces el proceso era lento y agónico y me descubría a las tres de la mañana, escribiendo porque aún no había completado mi cuota de palabras para ese día. No sé cuántas madrugadas me pasé bebiéndome el Nespresso de mis padres y preguntándome por qué demonios estaba dejándome la piel para escribir aquella historia de opereta que total nadie iba a leer, no digamos ya comprar.

Y un día que diseñé un capítulo desde cero, de forma analítica, asegurándome de que fuera el mejor capítulo posible desde el punto de vista de la trama y el argumento, tuve un momento en el que me dije “Ahora, ahora eres un escritor de verdad”. Fue ese el momento exacto en el que estuve seguro de que escribir era algo que podía hacerse, planearse y perfeccionarse, y no algo que simplemente le pasaba a uno cuando la inspiración aparecía (y que, por tanto, solo podía hacerse bien cuando a las musas les daba por dejarse caer por allí). Esa idea me cambió la vida.

Perseveré. Acabé Ava Ström. La dejé dormir el sueño de los justos en mi disco duro durante varios años. Mi urgencia era acabar un libro, y eso ya lo había hecho. Publiqué otras cosas y estuve contentísimo con ello.

Volví a revisitar Ava Ström hace poco. No es casualidad que fueran mi hermano y mi novia quienes me presionaron para publicarla, ahora, tras tanto tiempo. Y mire usted por dónde, resulta que es una buena historia. Hace unos años conseguí de alguna manera convertir aquella idea primitiva en una historia gigantesca de 135.000 palabras que funciona. Funciona. Sí, la escribiría de otra forma si tuviera que hacerla hoy. Pero la trama funciona, el argumento atrapa, es divertida y ágil y a veces hasta emocionante. No es el desastre digno de vergüenza ajena que me pareció en su momento.

Así que le he dado una oportunidad. He de admitir que personalmente ya no me reconozco en el narrador de Ava Ström. Como todos los libros, es en cierta manera una voz que nos habla desde el pasado. Es mi yo del pasado, con el que no siempre estoy de acuerdo al releerlo, pero ese Víctor del Pasado es una voz interesante, con una historia entretenida que contar. Me he sentido más como un editor que como un autor al publicarla, más distanciado de la historia de lo que creía posible.

Pero que nadie se llame a engaño: estoy muy contento de haber dado este paso. En otra dimensión espaciotemporal, hay todavía un Víctor más joven que camina playa arriba y playa abajo, preguntándose si es capaz de escribir una novela de verdad. Lo hago por él.

Gracias por leerme. Ahora, si os apetece, id a leerle a él. Se merece una oportunidad.

 

 

 

 

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